
Se acerca el 4to CD y nos han pedido que, para ello, tratemos de abandonar nuestra imagen algo más aniñada y pasemos a enseñar a todo el mundo que ya tenemos 22 y 23 años, y que podemos ser algo más que niños. Que podemos llegar a ser hombres a los ojos de los demás, y de nuestras fans.
Para lograr todo esto, hemos cambiado de look y sobretodo, hemos pasado horas y horas en el gimnasio, logrando que nuestra musculatura cambie de manera demasiado rápida para nosotros. Puede que a simple vista, no se note… pero para nosotros, que pasamos las 24 horas de los 7 días de la semana juntos, es demasiado visible.
A penas sin darnos cuenta, las cosas empiezan a cambiar entre nosotros… no tan solo en el aspecto físico, sino también en la forma de tratarnos los unos a los otros. Es como si ahora nos diera hasta vergüenza abrazarnos o bromear. Quizá se deba al cansancio, sí…
Y no sé si es que estoy empezando a volverme loco o qué, pero estos cambios nos afectan a todos… Sin que os deis cuenta observo actuar, comportaros, relacionaros. Y he llegado a la conclusión de que, posiblemente, soy el único que empieza a sentirse de esta manera. ¿Se puede llegar a sentir algo distinto al cariño hacia otra persona? Y no me refiero hacia una chica… sino todo lo contrario…
Y cuando creo que nada puede ir peor, escucho como llaman la atención de Jae. La cuarta vez esta mañana… Suspiro realmente frustrado pues parece estar en su propio mundo y después continuamos con la práctica de aquella coreografía que, prácticamente, podría bailar durmiendo y todo.
Cuando creo que voy a morir de agotamiento, nos dicen que podemos retirarnos para volver a casa a descansar. Suspiramos aliviados mientras recogemos las cosas, vamos a por ropa limpia y vamos casi corriendo a las duchas. Da asco sentirse así, por lo que enseguida la zona donde estamos ahora, se llena de ruidos de agua, quedándonos totalmente en silencio pues ninguno tiene ganas de hablar.
-Ash… qué bien…-susurro cuando salgo de la ducha por fin, yendo a sentarme en uno de los bancos mientras me seco el pelo con una de las toallas que tengo a mano mientras, lentamente, voy pasando la mirada por los demás sin que se den cuenta de nada. Casi sin remedio, mi mirada se queda fija en lo que más notoriamente ha cambiado: el pecho.
Oh dios… no me había parado detenidamente a pensar en eso… y sin quererlo, me quedo totalmente abstraído de los demás cuando me quedo mirando a Jae. ¡¡Aish!! ¿Pero qué demonios estoy pensando? Ladeo la cabeza y termino de vestirme, dándome cuenta de que Jae ya no está y que los demás están prácticamente vestidos ya.
-Ya voy, ya voy.-digo mientras observo cómo me miran.- ¡Sé que soy lento, no hace falta que me lo repitáis!
Termino de vestirme y bajamos donde tenemos aparcado el coche, encontrándome a Jae dentro, acurrucado en el asiento del coche donde siempre se sienta. Suspiro al saber que tiene él las llaves, pues anteriormente me había llevado un susto al no encontrarlas en mi chaqueta. Inmediatamente, pongo el coche en marcha. De reojo veo como Jae se queda mirando por la ventanilla sin decir nada más, cosa que me extraña. ¿Fruto del cansancio? Sí, seguramente.
-Entonces solo tenemos que esperar a que nos traigan la cena, ¿no?-digo sonriendo algo cansado al llegar a casa, escuchando como nos pide que pongamos la mesa, pero paso y me voy a descansar un rato al estudio. ¿No somos cinco? Pues pueden apañárselas sin mí por un momento…
Escucho la voz de Jae, siguiéndome hasta que entro y él conmigo, cerrando la puerta y sentándose en la otra punta del sofá. Cuando me pregunta por qué me he ido de aquella manera, solo puedo contestarle quizá, de la manera más borde que se me puede pasar en aquellos momentos, sintiendo como me mira fijamente, pero es que estoy realmente cansado.
-No empieces Jae, están ellos tres para poner la mesa-digo mientras te miro fijamente a los ojos, quedándome sentado donde estoy pues no pienso acercarme demasiado a ti… por si acaso mis propios impulsos me traicionan…
Después solo escucho tu voz, diciéndome que puedo ser insoportable cuando quiero. Y te vas enfadado. Tan enfadado que me haces sonreír ligeramente. Porque sin saber exactamente ni porqué ni cuándo… creo que empiezas a gustarme de una manera no amistosa… pero nadie puede saber de esto, ¡¡no por Dios!!
A pesar de estar solo, ladeo la cabeza dos o tres veces, hasta que veo como se abre la puerta y vuelves a ser tú. Me avisas de que ya puedo ir a cenar y te vas sin decirme ni una sola palabra más. ¿Tan mal me he portado contigo? Creo que tengo que cambiar mi actitud para contigo… quizá esta no sea la forma correcta de tratarte. No si quiero llegar a ser algo más en un futuro… ¿¡Ser algo más!? Dios… YunHo, te has vuelto completamente loco…
Me siento en mi sitio y dejo que la cena transcurra tranquila, como siempre. Nadie habla más de la cuenta, empezando a notarse el cansancio en nosotros pues a pesar de no haber empezado todavía nada en serio, se nota que no podemos más… quizá alguno de nosotros caiga enfermo de verdad…
Sin darme cuenta de nada, la cena termina y me levanto de la mesa. Respondo a las buenas noches que nos da Jae y voy a la habitación para cambiarme de ropa, colocándome una simple camiseta de tirantes pues hace demasiado calor dentro de casa, y unos pantalones cortos de color oscuro.
Cuando todos están acostados, e intuyo que dormidos por la hora que es, me siento en la cama y me dejo caer de espaldas. Desvío ligeramente la vista hacia la única cama vacía de la habitación, allí donde duermes tú. Suspiro, tratando de no despertar a nadie y después me quedo pensando.
-Yah YunHo… estás demasiado paranoico contigo mismo…-susurró para mí mismo al verme pensando en ti una vez más, sin saber del todo porqué. Aunque no me disgusta… ¡¡pero sí me molesta!!-No puede ser, y lo sabes… aish…
Cansado de dar vueltas en la cama sin poder dormir, me levanto y vuelvo a la cocina, donde te encuentro lavando los platos. Puede que estés cansado y hecho polvo, pero no sé como lo haces que siempre tienes ánimos para terminar de recoger la cocina y fregar los cacharros… deberíamos poner un lavaplatos de una puñetera vez y ahorrarte trabajo…
Y sin que te des cuenta, me quedo a tu lado sin decir ni una palabra, hasta que te giras y me miras mientras continúo sonriéndote dulcemente, como siempre, en todo momento. Porque aunque intente estar enfadado contigo, no puedo… no me sale de ninguna de las maneras.
Cuando me preguntas si te voy a ayudar, asiento ligeramente con la cabeza mientras empiezo a secar lo que vas dejando a un lado de la fregadera. Tú sigues fregando mientras yo continuo secando los cacharros. Ninguno dice ni una sola palabra, y tanto silencio me incomoda. ¿Desde cuándo esto se ha vuelto así? Si te quedas tan callado, solo me darán ganas de besarte ahora que nadie nos ve; de llevarte conmigo a la cama y… De repente escucho un grito a mi lado, viendo como se te cae un plato al suelo.
-¿Qué te pasa?-pregunto mirándote mal pues nunca has dejado caer un plato al suelo de aquella manera, haciendo que en parte me preocupe por ti.
Me contestas chillando que no pasa nada, pero luego te cortas el dedo con los trozos rotos del plato. Al ver cómo te lames el dedo, tengo que apartar la vista. Por favor, me volveré totalmente loco si sigues haciendo eso… ¿me estás provocando, Jaejoong? ¡Lo estás consiguiendo! Antes de hacer nada de lo que me pueda llegar a arrepentir (si es que pudiera arrepentirme, claro…), me agacho para recoger los trozos del plato roto, tirándolos a la basura y fregándolo todo bien. Tenemos la maldita costumbre de ir descalzos por casa, sin calcetines, y podríamos cortarnos los pies. Poco después, escucho como vuelves a chillar. ¿Qué te pasa?
Cuando me quiero acercar a ti, te has sentado encima de la encimera, mirándote el dedo donde te has hecho aquel corte. Sin que te des cuenta, me coloco delante de ti, justamente entre tus piernas y cojo el dedo. Lo miro detenidamente y después empiezo a lamerlo por los lados, para limpiarle bien la sangre…aunque en realidad, no sea eso en lo que esté pensando pues mi mente empieza a ser perversa cuando estoy contigo y me dejo llevar…
Tiro de ti con una sonrisa, obligándote a bajar y vamos al baño, donde te siento y te curo aquel corte, colocándote una tirita después. Eres tan patoso, Jae. Solo me dan ganas de protegerte más y más. Después de eso, me quito la camiseta y la dejo tirada por ahí, sin importarme nada. Después oigo como me preguntas qué hago, sintiendo tu fija mirada sobre mí. ¿Tan cambiado estoy?
-Voy a ducharme…-digo mientras te sonrío ligeramente, sin querer pensar en otras cosas pues seguramente, acabaría pidiéndote que te duches conmigo… y… ¡a saber qué cosas terminaríamos haciendo! Cuando me quiero dar cuenta, estás totalmente delante de mí y sin camiseta. ¿Qué demonios haces? ¿Qué quieres de mí? No me provoques más, Jae…
Cuando me quiero dar cuenta, te tengo casi pegado a mí, ¡¡con nuestros labios casi rozándose!! ¿A dónde vamos a llegar? Y sin apenas darme cuenta, veo como te vas corriendo del baño. Ahora que estoy solo en el baño, pienso… y llego a la conclusión de que me hubiera gustado besar esos labios, acariciar esa espalda tan ancha que tienes… y hacerte mío en el baño, sin importarme si los más pequeños nos escuchan. He querido negármelo a mí mismo desde que he empezado a fijarme en ti, pero qué demonios. No tengo por qué hacerlo…
Me ducho sin pensar en nada, o al menos intentándolo, y al salir de la ducha me vuelvo a poner el pijama, recojo un poco el baño y camino casi con parsimonia a la habitación. Antes de entrar, me quedo con la mano en el pomo. ¿Qué pasaría si te dijera lo que siento, Jae? ¿Va a ser todo igual? No… no lo creo… aunque lo único que tengo claro es que empiezas a ser diferente de los demás, y voy a averiguar si tú también te sientes igual que yo.
By Kelyh